En 1944, José María Arguedas escribió un artículo en el que proponía un
método para promover el desarrollo de la lectura y la escritura en la población
quechua hablante del Perú. Si los indígenas no conseguían hablar ni leer en
castellano, esto se debía a que no se les enseñaba, primero, a leer en su
propia lengua. No existían materiales educativos ni se contaba con un alfabeto
más o menos estándar para fomentar la lectura en esta lengua. Así, para
Arguedas, la alfabetización en quechua haría que los indígenas aprendan a leer
y escribir exitosamente, y esto afirmaría su identidad cultural. Se trataba,
además, de una cuestión estratégica. Según él, la población quechua hablante
podría sentirse motivada a leer y escribir en castellano, lo que le abriría las
puertas hacia la modernidad que se producía en los centros urbanos del país.
Ese mismo año, Arguedas sería invitado por los representantes del sector
educativo estatal a dialogar junto con José Antonio Encinas y Luis E. Valcárcel
para la gestación del proyecto educativo indigenista. Las ideas pedagógicas y
lingüísticas que Arguedas compartió en ese diálogo se concretaron, desde 1945,
en una serie de medidas realmente ambiciosas. Aparte de la alfabetización en
quechua, otro frente de este proyecto educativo fue el mejoramiento salarial de
los docentes en la sociedad rural. Asimismo, se decidió ampliar la gratuidad y obligatoriedad
de la enseñanza a los tres primeros años de la secundaria. Se dispuso, también,
que las haciendas donde vivieran treinta o más niños en edad escolar estuvieran
obligadas a abrir una escuela sostenida por el propietario.
Además, se implementaron los núcleos educativos comunales. Estos consistían
en la creación de una escuela central, alrededor de la cual se agrupaban quince
o veinte escuelas. La primera debía controlar la marcha de estas a través de
inspecciones periódicas. Los docentes debían ser quechua hablantes,
especialmente los de la escuela central. En 1947, funcionaban 320 escuelas dentro
de este sistema en un par de regiones, y superarían las 1500 en once regiones
en la década de 1950.
De otro lado, el despliegue presupuestal para el sector educativo, que en
1936 era de 15,7 millones de soles, fue de 101,7 millones en 1946, y llegaría a
la suma de 195,1 millones en 1949. Esta inyección económica contribuyó a que,
entre 1940 y 1966, el total de escuelas primarias pasara de 4882 a 19 587, y
que la cantidad de maestros pasara de 8911 en 1937 a 62 416 en 1966.
Estas medidas sembraron la esperanza de que la reivindicación de la
población indígena, finalmente, se lograría. Sin embargo, el censo nacional de
1961 mostraría las limitaciones de estas reformas educativas. Si bien el avance
con respecto al censo de 1940 no era despreciable, la cuestión era que, una vez
más, la brecha en cuanto a los aprendizajes entre la costa y la sierra no se
reducía: mientras que en la costa el promedio de analfabetismo en castellano
era de 27 %, en la sierra era de 56 %.
¿Qué ocasionaba que esta nueva reforma educativa no tuviera los resultados
esperados? Para empezar, el desinterés de la propia sociedad campesina por el
acceso de las mujeres a la escuela.
Existía la percepción de que la educación alejaba a la mujer de sus
“actividades tradicionales”. El censo mostró que dos de cada tres analfabetos
mayores de 15 años eran mujeres.
Otro hecho que influyó en los resultados del censo era la persistente
migración de la sierra a los centros urbanos costeños de los sectores jóvenes
más educados. Si bien la educación intentaba expandirse por todo el territorio
nacional, Lima y otras ciudades de la costa eran los espacios en los que se
focalizaba el trabajo y la posibilidad de bienestar socioeconómico.
Un tercer obstáculo fue la dificultad de aplicar la estrategia de
alfabetización en quechua. Por un lado, la formación de alfabetizadores y
maestros quechua hablantes, y la elaboración de textos y materiales educativos
en quechua resultaban complicadas y muy costosas. Por otro lado, los padres de
familia campesinos consideraban que dicha estrategia solo hacía más lento el
aprendizaje del castellano. Cuando sus hijos, al cabo de dos o tres años de
escolaridad eran incapaces de expresarse en castellano, se desilusionaban y los
retiraban de la escuela.
A pesar de que existieron estos obstáculos, el censo no desató la
frustración ni el descrédito del proyecto indigenista: se había cobrado ya la
convicción de que la educación era un proceso a largo plazo. Los resultados del
censo, más bien, ayudaron a comprender que la mejora de las condiciones de vida
de los indígenas en el Perú necesitaba no solo de innovaciones en las
estrategias educativas, sino, sobre todo, de profundas reformas
socioeconómicas. Esta toma de conciencia fue quizá uno de los aportes más
relevantes de lo que implicó el proyecto educativo indigenista. (Adaptado de
“Maestros, mistis y campesinos en el Perú rural del siglo XX”, Carlos
Contreras.)
1.
De acuerdo con el primer párrafo del texto,
¿por qué, para Arguedas, era una cuestión estratégica que la población quechua hablante
fuera alfabetizada en su lengua materna?
a.
Porque aprendería a leer exitosamente en
quechua y, de este modo, afirmaría su identidad cultural.
b.
Porque
contaría con un alfabeto estándar que serviría para fomentar sus habilidades de
lectura y escritura.
c.
Porque se sentiría motivada a leer y a
escribir en castellano, y esto le abriría las puertas hacia la modernidad.
d.
Porque se sentiría motivada a reclamar sus
derechos en su lengua originaria.
2.
Según el texto, ¿en qué año la partida
presupuestal para el sector educativo alcanzó los 101,7 millones de soles?
a.
En 1936.
b.
En
1946.
c.
En 1949.
d.
En 1950
3.
¿Cuál es el propósito principal del texto?
a.
Dar
a conocer en qué consistió el proyecto educativo indigenista y cuáles fueron
los resultados de su aplicación.
b.
Criticar las distintas medidas educativas y
presupuestales aplicadas en el marco del proyecto educativo indigenista.
c.
Exponer las ideas fundamentales que
sustentaron el proyecto educativo indigenista en los aspectos pedagógico y
lingüístico.
d.
Dar a conocer como el presupuesto aumentaba
en el sector educación.
4.
¿Cuál de las siguientes afirmaciones NO se puede concluir del texto?
a.
En la década de 1940, hubo un importante
despliegue presupuestal que contribuyó al logro de algunas de las metas del
proyecto educativo indigenista.
b.
Según Arguedas, la población quechua hablante
debería, primero, ser alfabetizada en su lengua materna si se busca que aprenda
a leer y escribir en castellano.
c.
Que Arguedas propuso un método para
promover el desarrollo de la lectura y la escritura en la población quechua
hablante del Perú.
d.
El
censo de 1961 dejó en claro que las reformas al modelo educativo causaron un
aumento en el promedio de analfabetismo de la población rural y urbana de la
sierra.
5.
¿Cuál de las siguientes alternativas
expresa la idea principal del último párrafo del texto?
a.
Los
resultados del proyecto indigenista mostraron que la reivindicación de la
población indígena requería de reformas socioeconómicas, además de las
educativas.
b.
El censo de 1961 no desacreditó las ideas
del proyecto indigenista, ya que se tenía la convicción de que la educación era
un proceso a largo plazo.
c.
Existieron diversas dificultades que
impidieron la aplicación de las reformas educativas del proyecto indigenista
propuesto por Arguedas.
d.
La migración de los pobladores andinos a
los centros urbanos costeños.
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